Con cáncer de cérvix y en espera de tratamiento, Larissa Noble Ortega vende fundas de dulces para costear sus quimioterapias, una realidad que refleja las dificultades que enfrentan muchas mujeres para acceder a atención oncológica.
Para muchas mujeres con cáncer, la batalla no solo ocurre en el hospital. También se libra contra los costos del tratamiento, la espera por medicamentos y la incertidumbre de acceder a terapias a tiempo.

El diagnóstico de cáncer cambia la vida de cualquier persona. Pero para muchas mujeres, la enfermedad trae consigo una segunda incertidumbre: encontrar la forma de acceder al tratamiento y como sostenerlos.
Entre consultas médicas, estudios, medicamentos y terapias, los costos pueden alcanzar cifras imposibles para la mayoría de las familias, esencialmente aquellas económicamente deprimidas.
A esto se suma la lista de espera para programas como el de Medicamentos de Alto Costo y los tiempos que muchas veces juegan en contra de los pacientes.
En ese escenario se encuentra Larissa Noble Ortega, una mujer de 41 años que enfrenta cáncer de cérvix y se enfrenta a los obstáculos propios del sistema, que la han llevado intentar por sus propios medios, reunir los recursos necesarios para continuar su tratamiento.

Una enfermedad que también tiene costo emocional y económico
Recibir un diagnóstico de cáncer no solo implica enfrentar una enfermedad grave. También significa lidiar con el miedo, la incertidumbre y una presión económica que puede resultar abrumadora.
Así es el día a día de Larissa, quien en 2024 se enfrentó a un diagnóstico confinado por los médicos “cáncer cervicouterino”.
“Sentí que el mundo se me cayó”, recuerda.
La noticia llegó después de haber superado otras pruebas difíciles. En 2014 sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) y posteriormente enfrentó convulsiones asociadas a epilepsia.
Cuando pensó que lo peor había pasado, llegó el nuevo diagnóstico, una situación que la encaro con otra dificultad.
Esperar tratamiento también es parte de la batalla
Uno de los mayores desafíos para muchos pacientes oncológicos es acceder a los tratamientos de manera oportuna.
Larissa necesita completar seis ciclos de quimioterapia cuyo costo supera los RD$558,000, sin contar medicamentos adicionales, estudios médicos y la alimentación especializada que requiere durante el proceso.
Actualmente se encuentra en lista de espera para acceder al Programa de Medicamentos de Alto Costo, una iniciativa estatal que busca facilitar terapias a pacientes con enfermedades complejas.
Mientras espera, la preocupación crece
El tiempo es un factor clave en el tratamiento del cáncer y cada retraso puede generar ansiedad en los pacientes y sus familias, por el impacto invisible de esta enfermedad, más allá de los efectos físicos, el cáncer también tiene un fuerte impacto emocional.
El estrés, la preocupación por los tratamientos y la incertidumbre sobre el futuro pueden afectar profundamente la salud mental de quienes reciben el diagnóstico.

Larissa reconoce que hay días en los que el cansancio y la tristeza pesan más.
“A veces no quiero levantarme”, admite.
Sin embargo, intenta mantener la mente enfocada en la recuperación.
“Esta enfermedad trabaja mucho con la mente. Uno tiene que tratar de mantenerse positivo”, explica.
Redes de apoyo que sostienen
Frente a la enfermedad, el apoyo familiar suele convertirse en un pilar fundamental. En el caso de Larissa, su madre Rosa Antigua Ortega, de 76 años, la acompaña a consultas médicas y colabora con su cuidado, su padre Héctor Noble, quien no pierde oportunidad para gestionar ayuda.
Su hija Cristal, de 23 años, también se ha convertido en su principal motivación.
“Mi hija es mi fortaleza”, dice.
Cristal, por su parte, describe a su madre como una mujer que nunca se rinde.
Seguir adelante
Mientras espera acceso a los tratamientos, Larissa ha buscado distintas formas de reunir recursos para cubrir parte de los gastos.
Entre esas iniciativas surgió una idea sencilla: preparar fundas con dulces para vender.
El proyecto comenzó de manera modesta, pero con el tiempo ha recibido el apoyo de personas que conocen su historia y deciden colaborar.
Más allá del emprendimiento, para Larissa cada funda representa algo más que un ingreso.
Es una forma de mantenerse activa, de no dejar que la enfermedad defina su vida y de seguir luchando por su recuperación.

Una lucha que comparten muchas mujeres
La historia de Larissa refleja una realidad que enfrentan numerosas mujeres diagnosticadas con cáncer: el acceso oportuno al tratamiento sigue siendo un desafío.
Aunque existen programas de apoyo y avances en la atención oncológica, especialistas coinciden en que aún persisten brechas relacionadas con el acceso, los costos y los tiempos de espera.
Mientras tanto, pacientes como Larissa continúan enfrentando la enfermedad con las herramientas que tienen a su alcance.

Y con una convicción clara. ¡seguir adelante!
