
Las vacunas son una de las herramientas más eficaces de la salud pública para prevenir enfermedades, hospitalizaciones y muertes. Antes de ser aprobadas, pasan por rigurosos ensayos clínicos que evalúan su calidad, seguridad y eficacia, y posteriormente continúan bajo monitoreo para garantizar su desempeño en la población.
Según explicaciones difundidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), para comprender cómo funcionan las vacunas es importante diferenciar entre eficacia teórica y eficacia real, dos conceptos clave en la evaluación de su impacto.
Eficacia teórica y eficacia real
La eficacia teórica se mide en ensayos clínicos controlados, en los que se compara el número de personas vacunadas que enferman con el número de personas que reciben un placebo. Este indicador refleja cuánto reduce la vacuna el riesgo de padecer la enfermedad en condiciones controladas.
Por ejemplo, si una vacuna muestra una eficacia del 80 %, significa que las personas vacunadas tienen un riesgo 80 % menor de contraer la enfermedad en comparación con quienes no recibieron la vacuna.
En cambio, la eficacia real mide el comportamiento de la vacuna cuando se aplica en la población general. Aunque los ensayos clínicos incluyen participantes de distintas edades y condiciones de salud, no siempre reflejan todas las variables presentes en la vida real, como diferencias en el sistema inmunitario, condiciones de salud o cobertura de vacunación.

Protección y calendario de vacunación
Las vacunas ofrecen una protección significativa, pero esta no es inmediata. Algunas requieren una sola dosis para generar inmunidad, mientras que otras necesitan varias dosis administradas en diferentes momentos, lo que se conoce como primovacunación.
En esquemas de tres dosis, por ejemplo, la primera proporciona una protección inicial, mientras que las siguientes ayudan a alcanzar una inmunidad más fuerte y duradera. Por esta razón, las autoridades sanitarias insisten en cumplir el calendario de vacunación recomendado.
La importancia de las dosis de refuerzo
Con el tiempo, la protección generada por la vacunación puede disminuir. Las dosis de refuerzo ayudan a fortalecer la respuesta del sistema inmunitario y mantener la protección frente a enfermedades, especialmente aquellas con potencial epidémico.
Estas recomendaciones se basan en evidencia científica y en el seguimiento continuo del desempeño de las vacunas.
Vacunación y riesgo de infección
Ninguna vacuna ofrece una protección absoluta del 100 %. En algunos casos pueden ocurrir infecciones posvacunación, es decir, personas que contraen la enfermedad a pesar de haber completado su esquema de vacunación.
Sin embargo, la evidencia muestra que cuando esto ocurre, los síntomas suelen ser más leves y el riesgo de hospitalización o muerte se reduce significativamente.
Vigilancia ante nuevas variantes
Los virus y bacterias pueden cambiar con el tiempo y generar nuevas variantes que se propaguen con mayor facilidad o produzcan cuadros más graves. Por ello, organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud mantienen una vigilancia constante para evaluar estos cambios y actualizar las recomendaciones de vacunación cuando sea necesario.
Las autoridades sanitarias reiteran que mantener altas coberturas de vacunación y cumplir los esquemas completos sigue siendo una de las estrategias más efectivas para proteger la salud pública
Fuente.https://www.who.int/es/teams/immunization-vaccines-and-biologicals/diseases/explainers
